A lo largo de siglos, las únicas armas con las que hemos contado para resguardarnos de los piojos han sido bastante rudimentarias: lavarnos la cabeza, echarnos vinagre, cortarnos el pelo, despiojarnos unos a otros, etcétera En nuestros días, además de esto, tenemos a nuestra predisposición un sinfín de medicamentos y tratamientos insecticidas producidos en los laboratorios. No obstante, las tasas de infección prosiguen siendo elevadas -no es extraño localizar institutos en los que más del veinte por ciento de los pequeños padecen a estos molestos parásitos- y el procedimiento familiar de buscar y eliminar liendres y piojos de la cabeza de la persona inficionada prosigue siendo esencial para suprimirlos.

Piojos

Piojos

¿Han perdido la ciencia y la tecnología la batalla contra los piojos? Afirmemos que, por lo menos, han sido inútiles de ganarla. El motivo es que, con el tiempo, los piojos desarrollan resistencias a los insecticidas haciendo que la fórmula del champú o bien loción que unos años atrás resultaba infalible apenas surta efecto esta temporada.

En su libro Parasitismo (CSIC-Catarata), el biólogo Juan José Soler explica que el inconveniente no son los productos en cuestión sino más bien el empleo poco continuado y desincronizado que hacemos de ellos. Pensemos en una persona que sigue un tratamiento antipiojos. ¿Qué sucede si lo interrumpe ya antes de concluirlo? Lo más probable es que en su cabeza aún queden ciertos molestos inquilinos, exactamente los más resistentes. En vez de fallecer por el efecto de las próximas dosis, esos piojos proseguirán reproduciéndose, con lo que la población entera de piojos de su cabeza se va a haber hecho considerablemente más fuerte. Si la persona retomara el tratamiento, este sería ya inútil o bien solo daría resultado acrecentando las dosis y la frecuencia iniciales.

Persuadir a una persona de que prosiga el tratamiento hasta al final no es lo más difícil pues, como es obvio, absolutamente nadie desea pasarse el día rascándose la cabeza. Lo que resulta realmente bastante difícil y costoso es poner conforme, por servirnos de un ejemplo, a todos y cada uno de los pupilos de un instituto y a sus familiares a fin de que prosigan el tratamiento al tiempo. Esta sería la única forma de eludir que aparezcan mutantes resistentes pues, siguiendo con el ejemplo del instituto, en el momento en que unos pequeños prosiguen el tratamiento y otros no, los piojos parcialmente resistentes brincan de la cabeza de los primeros a la de los segundos, donde consiguen subsistir y reproducirse… Para después regresar a colonizar las cabezas de quienes sí prosiguieron el tratamiento.

Afortunadamente, los piojos son molestos mas, por lo general, no representan un peligro grave para la salud. Las consecuencias de que la ciencia no gane esta batalla no semejan en especial preocupantes… El auténtico peligro es que, de igual forma que los piojos se hacen más resistentes a los insecticidas, otro género de parásitos más perjudiciales, como ciertas bacterias que nos ocasionan infecciones, se hacen resistentes a los antibióticos. Estudiosos de todo el planeta trabajan en la busca de una nueva generación de estos fármacos, mas mientras que sus sacrificios no generen el resultado aguardado no queda más antídoto que hacer un empleo responsable de ellos.